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Bonsai, un mundo en una bandeja

“Lo que me gusta del bonsai es que tiene un comienzo pero no un final. Una yema hoy es una rama mañana,
es como la búsqueda del final del arcoiris. No hay límites en el Bonsai”. J. Y. Naka

Hace menos de un año me regalaron un bonsai y por aquel entonces la idea que tenía acerca de esos árboles en miniatura tan peculiares era que al fin y al cabo, eran como una planta más, sin embargo, profundizando más en su significado y simbolismo he visto un amplio contexto cultural e incluso filosófico asociado a su figura.

Un bonsai es un árbol en miniatura modificado mediante diferentes técnicas de poda, alambrado o pinzado y cultivado en un cuenco, por lo tanto, no hay diferencia genética entre un árbol normal y su bonsai correspondiente. El propio término significa de manera literal Bon = bandeja, cuenco, Sai = árbol o planta.
Al igual que un árbol normal, un bonsai puede vivir fácilmente más de 50 años si se cuida adecuadamente, de hecho, los ejemplares más antiguos que se conservan son propiedad de la familia imperial Japonesa y  cuentan con cerca de 500 años.

Para entender que un bonsai va más allá de una simple decoración o afición a la jardinería necesitamos ir a su origen.  Las primeras referencias de esta forma de plantar árboles se encuentran en China hacia el 215 a.c. dónde se comenzaron a plantar árboles en cuencos bajo el nombre de Pen Jin. Los motivos por los que se inició esta práctica son discutidos; se dice que eran tiempos de conflictos y guerras en los que la necesidad de emigrar era constante y los enfermos y heridos requerían medicinas que se debían extraer de plantas que quizá no estuvieran presentes en sus lugares de huída. Sin embargo este enfoque práctico se aleja del simbolismo posterior que adquiere el bonsai. No es hasta el siglo XI d.c cuando el bonsai llega a Japón y entra en contacto con el budismo Zen que lo adoptará como una práctica meditativa, o bien, como una vía de desarrollo personal.

El cultivo de un bonsai es una práctica metódica y medida, busca concentrar la esencia del árbol en una maceta. Se trata de una actividad de perfeccionamiento que nunca está acabada, siempre hay cambio, es una obra dinámica que requiere de un esfuerzo constante.
El artista busca expresar su búsqueda personal, su filosofía a través de su creación en un lienzo vivo y que responde ante los cambios. Quiere reunir la armonía de un paisaje y concentrarla en una maceta.

Antiguamente el artista emprendía un viaje de varios días al bosque para encontrar un ejemplar a trasplantar que reflejara su propia esencia y que le pudiera servir para la práctica del cultivo. Con la llegada a occidente, el fenómeno del bonsai se extendió enormemente pero perdió su significado predominando su función en la ornamentación o tomado como una simple práctica de jardinería peculiar. A veces me sorprendo del trasfondo de las cosas.

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Para saber más, fuentes:

http://fabiober.wordpress.com/2009/01/21/filosofia-del-bonsai/
es.wikipedia.org/wiki/Bonsái 
http://books.google.es/books?id=4g_cLRSCXZUC&lpg=PP1&dq=bonsai&pg=PP1#v=onepage&q&f=false



Recordando viejas costumbres…

Muchas veces me planteo por que decidí empezar a escribir un blog. De las respuestas que me vienen a la cabeza la que más me gusta sin duda es la facilidad de expresarse y de transmitir ideas que en ocasiones, en una conversación normal solo puedes desarrollar de manera superficial e incompleta. Hoy por ejemplo, voy a hablaros acerca de un ejercicio que llevo algunos años intentando pero que por falta de constancia o de fuerza de voluntad me cuesta practicarlo con normalidad: La meditación.

La meditación es un tema difícil de tratar porque por lo general, mucha gente deja que su prejuicio ante este tipo de temas le guíe en su decisión de rechazarlos, lo que impide que puedan llegar siquiera a interesarse en saber de que tratan. Si fuéramos por la calle preguntando por la meditación a cualquier viandante, por lo general, la respuesta iría encaminada del mismo modo: “eso que hacen los monjes budistas”, “¿algo así como una reflexión profunda no?” , o seguramente cerrarían los ojos, harían un gesto con los dedos y dirían “om” mientras se sonríen. La información llega, pero llega distorsionada. Por eso, voy a intentar sintetizar y dejar las cosas claras para que luego podáis decidir vosotros y formar una opinión.

Ante todo el acto de meditar es una herramienta, y la utilidad de la misma reside precisamente en el uso que le demos. Viene siendo utilizada desde tiempos remotos y ha estado presente en multitud de culturas, sin embargo ha destacado especialmente en la India donde se han desarrollado todo tipo de técnicas, y se ha abordado con profundidad el autoconocimiento. La publicidad que se ha hecho de esta práctica es bastante amplia, sin embargo se ha tratado de manera superficial como un mero ejercicio de relajación o de evasión.

Personalmente creo que la meditación es una práctica que puede abordarse desde dos puntos de vista definidos: Uno práctico y orientado al desarrollo de facultades mentales y/o emocionales, y otro encaminado al desarrollo personal de cada uno, a la sabiduría, (aunque dichos caminos están inevitablemente entrelazados). Aquí voy a centrarme en lo primero, es decir, dejaré la base para quién quiera seguir indagando.

Si dejas de leer un momento y cierras los ojos, verás que de manera involuntaria vienen a tu mente todo tipo de imágenes, recuerdos, sonidos e ideas desordenadas, una marabunta de contenido que viene y va. Es mente indisciplinada, un caballo desbocado que te lleva de un lado a otro frenético; eso no eres tu, lo que nos compone no es nuestro contenido mental igual que el agua no convierte en agua al vaso. Lo que se busca con la práctica meditativa es refrenar esas contaminaciones mentales y desarrollar una percepción más completa de las cosas, afinando la consciencia y de paso desarrollando la atención, la concentración y la armonía. Aunque pueda parecer raro, meditar no implica necesariamente estar sentado y recluido en tu habitación durante media hora al día, más que una acción es una actitud. Es mantener la consciencia alerta, meditamos si estamos atentos a lo que decimos, lo que pensamos y lo que hacemos, meditamos cuando somos “testigos” de nuestros propios procesos, cuando nos convertimos en el observador.

Como dije antes, no hay “una manera de meditar”, sino un gran género de técnicas que aunque diferentes, todas comparten la misma actitud. Es sencillo, elige la que más te guste y adelante, medita. El proceso común a todo ejercicio de meditación en la quietud es el siguiente:

  1. Elige una habitación donde te sientas cómodo y a gusto con el entorno.
  2. Selecciona un sitio donde sentarte y respétalo en las próximas ocasiones, (primer paso para disciplinar la mente).
  3. Cruza cómodamente las piernas según tu grado de flexibilidad y siéntate con la espalda erguida, evitando echarte hacia los lados, delante o atrás pero sin tensiones ni excesos. Esto es muy importante ya que evitará que te duermas y te adiestrará en carácter y disciplina.
  4. Relájate sin perder la compostura y respira con naturalidad, poco a poco se lentificará tu respiración.
  5. Elige una técnica de meditación y empéñate en ella, sin desesperar pero sin ceder a la indolencia o  la pereza, se firme en tu cometido. Si te distraes no te frustres y vuelve pacientemente al ejercicio.
  6. La constancia es necesaria, y paradójicamente es lo que más suele costar conseguir.

-En cuanto a las técnicas que podéis utilizar, aquí os dejo unas pocas extraídas del libro “El Arte de meditar” de Ramiro A. Calle:

  • Concentración en la respiración: Es una de las más utilizadas y tiene muchas variantes. Fija la atención en los orificios nasales respirando con naturalidad y esforzándote por percibir la sensación táctil que el aire provoca al entrar y salir, no sigas el curso de la respiración, únicamente fija tu atención en los orificios, evitando distraerte.
  • Concentración en la respiración (II): Toma consciencia de tu respiración. Imagina que el aire que inhalas es rojo y el que exhalas es verde. Asocia la inhalación con un sentimiento de vigor y la exhalación con un sentimiento de serenidad.
  • Concentración en las sensaciones corporales: Dirige tu atención a las sensaciones que se vayan presentando en el cuerpo: molestias, picores, calor, frío etc. Debes esforzarte por estar muy perceptivo hacia cualquier sensación.
  • Concentración en una cuenta regresiva: Relájate y céntrate en contar del 100 al cero de una manera lenta y rítmica mientras visualizas el número mentalmente. No te distraigas, si pierdes la cuenta, vuelve a empezar.
  • Concentración sobre el propio cuerpo: Selecciona una parte del cuerpo: un brazo, el entrecejo, una mano y fija la mente en una abstrayéndote  totalmente del resto del cuerpo. Siente esa zona, experiméntala.

*Cada sesión debería ser de unos diez minutos o un cuarto de hora la principio, y cada vez ir aumentando más el tiempo hasta llegar a unos 40 minutos. Todo depende de cada uno.

Espero que os animéis a probarlo, una vez estás en ello la sensación de tranquilidad es icomparable.

Saludos

-Para saber más: “El Arte de meditar” de Ramiro A. Calle- —->  http://www.taringa.net/posts/ebooks-tutoriales/8155228/Entrevistas-Meditacion-Libros-Ramiro-Calle—Completisimo.html

¿Quién es quién?

Grandes dudas, grandes retos...

“Cuando llegó aquel día a la tranquila plaza y se sentó en el banco, no sin antes haber despejado su asiento de las hojas secas -pues era otoño-, jugaban allí cerca, como de ordinario, unos chiquillos.

Y uno de ellos, poniéndole a otro junto al tronco de uno de los castaños de Indias, bien arrimadito a él, le decía: <Tú estabas ahí preso, te tenían unos ladrones…> <Esque yo…>, empezó malhumorado el otro, y el primero replicó: <No, tú no eras tú…>.

Augusto no quiso oír más; levantóse y se fue a otro banco. Y se dijo: <Así jugamos también los mayores. ¡Tú no eres tú! ¡Yo no soy yo!> . Y esos pobres árboles, ¿son ellos? Se les cae la hoja antes, mucho antes que a sus hermanos del monte, y se quedan en esqueleto, y estos esqueletos proyectan su recortada sombra sobre los empedrados al resplandor de los reverberos de luz eléctrica. ¡Un árbol iluminado por la luz eléctrica! ¡Qué extraña, qué fantástica apariencia la de su copa en primavera cuando el arco voltaico! ¡Y aquí que las brisas no los mecen…! ¡Pobres árboles que no pueden gozar de una de esas negras noches del campo, de esas noches sin luna, con su manto de estrellas palpitantes! Parece que el plantar cada uno de estos árboles en este sitio les ha dicho el hombre: <¡Tú no eres tú!>, y para que no lo olviden le han dado esa iluminación nocturna por luz eléctrica…, para que no se duerman…, ¡Pobres árboles trasnochadores! …”   (Niebla – Miguel Unamuno)

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No me acuerdo, por más que lo intento no consigo acordarme del día que se creó el mundo para mí. ¿De verdad fue un 3 de octubre de 1991?, tendré que fiarme. De repente un día fui consciente de mí mismo y empecé a dar pinceladas de realidad a través de mi cuerpo y, poco a poco, he ido almacenando todas esas impresiones en el “buzón de mi memoria” (y sigo) hasta ahora.

Quizá en una tarde lluviosa o en unas tardes lluviosas, empecé a preguntarme cosas que trascendían lo cotidiano: ¿Qué es la realidad?, ¿Qué soy yo? o más aún ¿Quién soy yo?, ¿Qué sentido tiene todo esto? o más aún ¿Qué sentido tiene plantearse todo esto?. Fueron esos días, los que definieron la manera de ver la vida, cambiaron la perspectiva y “me sacaron” de ideas preconcebidas o conceptos aceptados por simple inercia. Todo lo que implica vivir en una sociedad (valores, paradigmas, costumbres…) nos conforma, nos construye como personas pero también nos orienta en una dirección, o dicho de otra manera, un propósito que con sus pequeños matices es siempre similar: ser “Another Brick in the Wall” -cita de Pink Floyd-.

Lo interesante por tanto, es qué nos define y sí sólo somos una parte más de la sociedad, un grano de arena o podemos ir más allá, ser únicos e independientes. Yo creo que formular estas preguntas marca la diferencia entre la persona cotidiana, la que forma la masa, y la especial, la que la trasciende, por eso, tomar como reto el entender qué somos, ¡Qué es esto! te define y te hace vivir de una manera intensa, con la curiosidad como timón y la voluntad como motor.

Por cierto…