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Y al tercer día se descongeló como el lomo de la comida…

Han pasado ya muchos días desde mi última entrada y ya tenía ganas de volver a las batraciadas. Como si de unos secuestradores se trataran, los exámenes me han mantenido hacinado en mi habitación durante casi un mes, y aunque eso le ha venido bien a mi cabeza (que parece que ahora funciona más rápido), ha supuesto que mi cuerpo y el ejercicio entren en conflicto. Tanto es así, que mi querido batracio entró en hibernación, -el vago de él decidió que se aburría con tanta materia y tanta rutina-, así que el muy desgraciado se dejó congelar.

Cuando por fin decició que ya era hora de “resucitar”, se activó como ordenador que reanuda sesión; y yo, con mi curiosidad de biólogo he estado investigando cómo lo ha hecho, hoy os cuento su secreto.

Supongo que todos habréis oído el mito que rondó internet y la televisión (porque ya tiene unos años), de que el padre de la Sirenita, el Rey León y otros clásicos fue congelado tras su muerte con la esperanza de que cuando la ciencia avanzara lo suficiente pudiera ser recuperado y restaurado. Trasteando un poco en google he podido ver que el caso concreto de el señor Disney se reduce a una mera leyenda urbana, sin embargo, he visto con sorpresa vía wikipedia y otras fuentes la existencia de empresas que se dedican integramente a la criogenización humana. Es un tema complejo y polémico que además tiene conflicto ético, -vamos una discusión completa que vamos a reservar a los de la bata blanca y las gafas de pasta- ; por ello vamos a volver a un proceso ya desarrollado millones de años atrás por la selección natural.

La naturaleza no deja de sorprendernos, parece que género no le falta, no obstante, si consideramos la variedad de ambientes que hay en nuestro planeta no nos sorprenderá la gran diversidad de adaptaciones que existen.

En cuanto al frío intenso, hay varios métodos para sobrevivir al mismo, más o menos comunes pero eficientes. Hay estrategias activas (como huir activamente del frío y vivir en zonas cálidas o  por ejemplo, ir al sótano a por leña en una fría noche de invierno); sin embargo, otros más pasivos optan por soportar las bajas temperaturas entrando en un estado de latencia como puede ser la hibernación. Algunos artrópodos, anuros y bilbaínos se atreven a llegar “Al filo de lo imposible” ® congelándose y llegando a estados muy próximos a la muerte durante los meses más hostiles.

Uno de los principales problemas a la hora de la congelar un organismo vivo es que en el proceso se forman cristales que provocan la rotura celular, si a esto le sumamos la deshidratación que causa la formación de hielo de por sí (por ósmosis) tenemos un serio problema. Sin embargo la naturaleza tiene algún que otro truquillo que evita -entre otros- estos problemas.

En algunos insectos, existen unas biomoléculas denominadas “nucleoproteínas” cuya función es guíar la formación de cristales, realentizandola y miniminizándola, además utilizan sustancias anticongelantes (generalmente alcoholes) que almacenan en las células y evitan la congelación total, llegando a un equilibrio reversible.

Este último proceso es el que se da en nuestro amigo el batracio. Cuando llega el invierno, con el contacto de los primeros hielos la rana en cuestión comienza a reducir sus signos vitales hasta pararlos por completo. Es un proceso progresivo que la va llevando a un estado de latencia. La rana carece de las nucleoproteínas mencionadas anteriormente, pero al igual que nosotros utilizamos el metanol para los motores, ella tiene generalmente el glicerol o la glucosa como anticongelantes que acumula en las células aumentando su concentración varias veces por encima de lo normal. Si recordais alguna lección de química, sabreis que el agua pura experimenta un descenso en su punto de congelación si se le añade un soluto, esto es, si hacemos una disolución, por tanto, el mecanismo es sencillo, cuando aumentamos la concentración intracelular de soluto (en este caso de glicerol) dificultamos la congelación evitando así perder nuestra integridad física, y nuestra identidad batracil.

Un dato curioso es que después de la congelación van directos a buscar una hembra para reproducirse y así “estirar las piernas”… Aquí os dejo un vídeo del proceso: