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Parásitos, animales sin escrúpulos

El parasitismo es una de las interacciones biológicas más interesantes que se dan en la naturaleza. Se trata de una relación que se establece entre dos o más organismos de diferentes especies, en la que una de las especies (parásito) se beneficia de la otra (hospedador) a costa de su salud, que va mermando hasta la muerte.
Los parásitos suelen ser muy específicos, de manera que parasitan sólo a una especie con la que a lo largo del tiempo han coevolucionado y afinando la relación de parasitismo, es decir, a partir del momento en que una de las especies obtiene una ventaja a costa de la otra, la selección natural favorece esta relación haciéndola cada vez más eficiente e irreversible y provocando cambios en la fisiología y la morfología  del parásito.

Ciclo de parasitismo

Las relaciones de parasitismo pueden ser bastante complejas. Un ejemplo de esto es el hiperparasitismo, en el cual el propio parásito actua de hospedador de otro parásito, o por ejemplo, la que establece el hongo Cordyceps con las hormigas carpinteras, que llega a controlar el sistema nervioso de la hormiga provocándole un comportamiento confuso que la llevará a exiliarse de la colonia y a fijarse con las mandíbulas en un lugar alto para finalmente morir y servir de punto de expansión para las esporas del hongo.

De los parásitos más curiosos que he tenido la oportunidad de ver en persona, destaca sin duda, la Saculina del cangrejo (“Saculina carcini“). Este parásito, pertenece a la familia de

 los Cirripedios, por lo que es pariente cercano de Balanos y Percebes, sin embargo no tienen prácticamente ningún parecido en apariencia y por supuesto, no están valorados culinariamente.

Larva de Saculina

Existen varias especies de Saculinas, cada una es específica de una especie determinada, que suele pertenecer al subfilo “Crustacea”. Aún con todo, la más conocida es la “Saculina carcini”  que parasita al Cangrejo común “Carcinus maenas”. La saculina tiene una amplia etapa de cría, que se extiende prácticamente durante todo el año y es en su etapa larvaria cuando infecta al cangrejo. Una vez se instala en el intestino del hospedador, comienza a ramificarse por todo el cuerpo consumiéndolo pero sin llegar a matarlo, sin duda, digno de película de Alien. Como si de un bebé se tratase, tras nueve meses de crecimiento, la saculina se encuentra lo suficientemente madura para generar la parte externa, una estructura reproductora en forma de saco que se alojará en el abdomen del cangrejo.
Llegados a este punto, los  cambios en el cangrejo son irreversibles. El parásito provoca cambios en las etapas de muda y en la conducta del hospedador haciéndole creer que el saco reproductor, es el saco de huevos propio del cangrejo, por lo que lo cuidará y limpiará hasta que se complete el ciclo.

La saculina es un parásito todo terreno, no le importa el sexo del hospedador, de manera que si infecta a un ejemplar masculino, liberará una serie de hormonas que provocarán la “afeminización” del individuo y terminará cuidando como si de una hembra se tratara el saco reproductor de la saculina.

Cangrejo infectado en el que se observa la parte externa

El ciclo de parasitismo termina cuando las larvas son liberadas del saco externo hacia el medio en busca de nuevos hospedadores. La muerte del hospedador suele coincidir con la finalización del ciclo sexual de la Saculina, esto es apreciable en la coloración del saco sexual que, aunque varía según la especie, los tonos más oscuros nos indicaran una maduración completa.